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Mefistófeles
El bien, el mal, el cielo, el infierno.
 

Por Andrea Catán

En la Biblioteca Estelar adoramos la ópera, es por eso que mes con mes te invitamos a que des este paseo con nosotros y conozcas una de las millones de óperas hermosas que hay por descubrir. Para este mes hemos decidido traerte Mefistófeles, una ópera en cuatro actos escrita por el italiano Arrigo Boito. ¿Cuál es su importancia  en el mundo de la ópera? Pues fue la primera ópera italiana que trató de inculcar el estilo wagneriano. ¿Están listos para embarcar este paseo? ¡Pues vamos!

Si la quieres ver completa y con subtítulos, te sugerimos ver esta puesta de Ramey, ONeill, Benackova; 1989.
 
Boito, allá en 1861 se interesó en los temas faustianos cuando apenas era un retoño salido del Conservatorio de Milán. Encontró la obra de Goethe y decidió partir de ahí. Además, con su gran admiración de Richard Wagner, decidió juntar el solo el libreto y la música, algo muy insólito e innovador.
 
El compositor quería adentrarse realmente en la historia y no solo verlo desde una perspectiva superficial. Quería crear algo totalmente nuevo que pudiera inspirar a las generaciones venideras. 
 
Fue así que dio con la idea de Mefistófeles, la cuál fue representada por primera vez en Milán, bajo la dirección del mismo compositor a pesar de su inexperiencia como director. La verdad, el público no le dio el recibimiento esperado, por lo que la obra fue retirada.  Boito no se rindió y revisó la obra, acortándola y haciendo cambios para hacerla más atractiva y entretenida, por lo que su reestreno en Bolonia fue todo un éxito, pero a pesar de ello, los cambios continuaron hasta que por fin en 1881 entregó la versión final.
 
Pues bien, ¿y de qué va la obra se preguntarán? Por si gustan verla y como yo no saben italiano yo se las explico:
 
La obra comienza con un prólogo en donde querubines le cantan al Señor hasta que aparece Mefistófeles, el espíritu del mal, el cual reta a Dios a hacer caer a uno de sus mejores siervos, es decir, a Fausto. Dios se ve acorralado por la apuesta y acepta. Es así que comienza el primer acto.
 
En este conocemos al anciano Fausto y a su ayudante Wagner paseándose por el pueblo. Ambos disfrutan de su compañía y del folclor que se vive a su alrededor. De repente, la paz y armonía acaban cuando Fausto se da cuenta que sus pies arden y que el infierno lo acecha. Pero Wagner trata de calmarlo y de convencerlo que es imposible que esto sea así, ya que el goza de una impecable reputación.
 
En el segundo acto, nos encontramos en el laboratorio de Fausto, en donde Mefistófeles se le aparece como caballero y le explica quién es y le ofrece todo lo que éste desee, siempre y cuando el allá abajo, es decir en el infierno, acepte también ser su siervo. Fausto acepta con la condición de que si logra averiguar todo sobre él, la apuesta quedará nulificada. Ambos están de acuerdos son el trato y éste se cierra.
 
En el tercer acto Fausto ya no es un anciano sino un joven que busca conquistar a una dama bajo el nombre de Enrique. Margarita, la doncella y él, se enamoran, mientras que Fausto se burla de una vieja. Fausto pierde un poco la cabeza y le pide a Margarita que se entregue a él, pero ésta le dice que es imposible ya que su madre los encontraría. Claro está Fausto le da un somnífero para que se lo de a su madre y puedan quererse en paz.
 
Por otra parte, Fausto vive de la mano de Mefistófeles experiencias sobrenaturales en donde se encuentra con brujos y espíritus devotos al Diablo. Fausto participa en sus rituales hasta que tiene una visión de su amada encadenada y sangrante, aunque claro está que Mefistófeles lo calma al respecto.
 
Por fin, en el tercer acto, Margarita está a punto de fallecer por el crimen de haber matado a su hijo y envenenado a su madre, pero Fausto llega a tratar de salvarle de la mano de Mefistófeles. Ella, al verlos juntos decide morir y llegar al cielo que continuar con él y conocer el infierno.
 
En el cuarto y último acto Fausto se ha convertido en todo un hedonista y conoce a Helena de Troya, de quién se enamora perdidamente y decide quedarse a vivir con ella por el resto de sus días.
 
Mientras tanto, en el epílogo vemos a Fausto una vez más de viejo mientras reza el evangelio, aunque ahora Mefistófeles lo acecha. El amor es algo que conoce muy bien pero que sabe que no es eterno, para confusión del demonio.
 
Por fin, Fausto comprende que sólo desea ser rey de un país en el que la gente trabaje por lo que quiere y haya justicia para todos. Que las generaciones venideras fueran bondadosas y trabajadoras y que rigiera la paz. Mefistófeles trata de hacerlo cambiar de idea pero no lo logra, abriéndose así el cielo, el cual le da la bienvenida a Fausto, mientras que Mefistófeles regresa de donde vino, el infierno.
 
¿Qué les pareció esta ópera? ¿Cuál les gustaría ver en la Biblioteca Estelar el próximo mes? ¡No olvides darnos todas tus opiniones!