QUE RECOMIENDO  
 
 
   
 
 
  RELATORES ANTERIORES  
     
     
  Madera Noruega  
  Rodrigo Gutiérrez González  
     
     
  En mi pequeño mundo comenzó  
  Por Oscar Adrián Carrasco Arias  
     
     
  Seis y contando  
  Rodrigo Gutiérrez González  
     
     
  Un viejo gruñón y anillado  
  Gabriel Chanchi - Orión @gabrielchanchi  
     
 
El fin antes del inicio
Por Una Bebedora de Té (Karina Casarrubias)
 
En ese momento la cabeza de la chica del cabello rizado y mechón dorado explotó. Nadie la vio, los únicos testigos se encontraban atados a la pared, silenciosos e inertes; el único sonido audible era el del ventilador que seguía su curso de un lado al otro.

Los días anteriores habían sido difíciles, según comentaron los familiares que hablaron con ella un día antes del terrible suceso. Su madre, desconsolada, no dejaba de repetir la sentencia que le había dado a la chica por teléfono, “duérmete una hora, solo una hora”. Su padre, de brazos cruzados y mirada perdida, no parecía entender como pudo algo así pasarle a su hija, ella había estado en situaciones peores pero nunca llegado a ese grado. El cuerpo de la chica aún estaba erguido frente a la computadora, junto a ella unos libros y varios apuntes, todos referentes a Constituciones, independencias y países latinoamericanos.

Después de un rato de examinar la escena, los vecinos fueron interrogados, los que habitaban los departamentos 1, 6 y 7 dijeron no haberla visto en varios días, lo que era común pues era raro cuando llegaban a coincidir en algún momento del día; los del departamento 2, mencionaron haber hablado con ella el día de los hechos, pero su actitud fue tan relajada y carismática que no sospecharon nada; el vecino del 3, solo la vio un día antes del accidente cuando le pregunto sobre unas cobijas que había dejado tendidas y que ella había recogido por equivocación; finalmente  la del número 4 la vio también un día antes, cuando le dio un aventón a la estación de metro más cercana.

Nadie se explicaba como la cabeza de la chica había estallado, lo único que parecía haber tenido que hacer era un ensayo como cualquier otro, pero no había rastros de él en ningún archivo de su computadora portátil, los investigadores revisaron todo, desde cada nota cerca de ella, hasta los libros tirados bajo la cama y sus últimas conversaciones por su teléfono y redes sociales. Todo parecía tan normal, era el departamento de una chica de universidad.

Finalmente se llevaron el cuerpo de la chica cubierto por una sábana blanca, apagaron el ventilador y cerraron la puerta, a nadie se le había ocurrido buscar ese único objeto que les hubiese hablado del futuro de la chica y no solo del pasado, como todos los entrevistados, a nadie se le ocurrió leer ese pequeño apartado en su teléfono celular, a nadie se le ocurrió leer su agenda.