QUE RECOMIENDO  
 
 
   
 
 
  RELATORES ANTERIORES  
     
     
  Madera Noruega  
  Rodrigo Gutiérrez González  
     
     
  En mi pequeño mundo comenzó  
  Por Oscar Adrián Carrasco Arias  
     
     
  Seis y contando  
  Rodrigo Gutiérrez González  
     
     
  Un viejo gruñón y anillado  
  Gabriel Chanchi - Orión @gabrielchanchi  
     
 
Folina
Por Hiloer
 
A pesar de ser tan solo las 11 de la mañana, hay lugares obscuros entre los pasillos, bajo las mesas y sobre todo, dentro y encima de esos altos estantes. Oh sí, son ideales para que nuestro amigo polilla, el joven Folina, se detenga a descansar y quizá a buscar algún alimento en este pasillo.

Acá se encuentran los mejores libros: aunque están algo rancios por ser viejos, la verdad es fácil comerlos, ya que al morderlos se desprende fácilmente el papel. Pero lo mejor es que en esta sección no vienen los humanos. En realidad son muy pocos los que entran al edificio, y los pocos que vienen se dedican la mayor parte del tiempo al área de computadoras. En fin, eso no es asunto de nuestro amigo que ahora busca su desayuno. Lo que él se pregunta es, ¿Qué tipo de libro habrá que elegir hoy?

Los libros de economía provocan indigestión, ¡Son muy difíciles de procesar! Los de filosofía provocarán insomnio. Algo tienen que siempre le dejan pensando sin poder conciliar el sueño. No sería uno romántico, ya que son muy empalagosos. ¿Quizá uno sobre negocios? No es muy buena idea, son algo insípidos. Será mejor probar con los de biología, ¡Siempre hay algo de provecho que se les puede sacar!

Este ejemplar se ve muy bien. Lo mejor es que es de muy buen tamaño y a Folina se le hace agua la boca. ¡Qué sabroso debe estar su lomo!

El joven se prepara a dar su primer bocado cuando nota algo extraño. ¿Eso… eso es una huella? Hace un momento toda la superficie estaba cubierta de polvo y no hay duda de que algo ha estado ahí. Algo considerablemente mayor cuyo patrón de huellas sugiere que anda a cuatro patas. El hambre se ha tornado en un asunto secundario. Discretamente mira a izquierda y derecha sin encontrar nada, pero es evidente que alguien tiene que estar por ahí. De pronto sintió que algo detrás le pisaba una ala y con una grave voz la abordó:

- ¿Así que tú te has comido los libros, no? Pues ahora yo te comeré. Ya te tengo.
- ¡Ah! ¡Auxilio! ¡Por favor, no me comas!
- ¿Por qué no? Tú ibas a comerte este libro.
- Es que… es que de verdad tengo mucha hambre.
- Pues yo también tengo hambre y tú luces muy nutritivo para una lagartija.
- ¿Tú eres una lagartija?
- Soy Cuco, una lagartija lemniscata. Y tú eres una simple polilla de estuche. Tu especie normalmente no sirve para nada, pero tienes cara de ser mi próximo aperitivo. ¿Cómo te llamas?
- Mi nombre es Folina. Y si vas a comerme, al menos concédeme un último deseo.
- Bueno, soy muy grande y poderoso.. Seguro puedo ofrecer algo de piedad para un ser tan inferior como tú.
- Déjame disfrutar un último bocado. Una mordida de este libro.
- ¡Jamás! Tu deseo por comer libros ha sido suficiente para condenarte y encima tienes el descaro de pedirme un bocado ellos. ¡Eres un sinvergüenza!
- No sabía que a alguien le pudieran importar tanto los libros.
- Pues este que estabas por saborear es uno de los más importantes.
- ¿Ah sí? ¿Cuál es?
- Se llama “El Origen de las Especies” de Darwin.
- ¿Y por qué es tan importante?
- Porque de ahí hemos aprendido mucho.
- ¿”Hemos”? ¿O sea que tú también los lees?
- ¡Por supuesto! Eso es lo que se viene a hacer aquí.
- Pero… ¿Cómo pueden ser tan importantes los libros? Si lo fueran no estarían aquí abandonados, dejando que nos los comamos. Los tendrían a diario entre sus manos sin darnos oportunidad.
 
- Son importantes, pero ellos lo olvidan. Es gracias a ese olvido que he podido comenzar a leerlos y me di cuenta de que no son solo cosas olvidadas. ¡Están llenos de todo! Conocimientos, ideas, mundos fantásticos. Claro que hay muchas cosas que no conozco y que seguramente jamás podré entender. Leí sobre algo llamado “psicoanálisis” pero aún yo, con tanto conocimiento, no soy capaz de llegar a ese nivel de entendimiento. Es por eso que admiro tanto a los humanos, porque ellos son capaces de escribirlos y de entenderlos.
 
- ¿Y entonces qué libros lees tú?
- No todos son tan difíciles. Algunos como éste que elegiste hablan de seres como nosotros. Cuando te vi recordé inmediatamente de haber leído sobre ti hace poco más de un mes en un libro acerca de plagas.
- ¿Plagas? Pero yo no quiero ser una plaga. Yo solo he querido sobrevivir y encontré este lugar con mucho alimento. Y me gusta.
- ¿Te gusta, dices?
- Claro. Es muy silencioso, ¡Hay mucha paz aquí! Y me gustan los libros no solo por su sabor; siempre me mantienen en calor. Incluso su olor demuestra el empeño que se les ha puesto. De saber que eran tan importantes como dices jamás les hubiera dado una mordida. Ojalá supiera leerlos para aprender de ellos, ¡Como tú! Pero ahora es muy tarde para mí.
 
Folina cerró los ojos intentando disfrutar por última vez del aroma de los ejemplares que le rodeaban, cuando de pronto notó que cesaba la presión que había sobre su ala. Abrió rápidamente los ojos y notó que Cuco había retrocedido. Lo notó imponente pero cortés. Intentó volar de inmediato para alejarse pero extrañamente había desaparecido la sensación de peligro, así que se quedó mirándolo con intriga.

Ahora conoces el valor de los libros y tienes apetito no de su sabor, sino de su conocimiento. Sabes que lo importante en ellos no es el material con el que estén hechos, sino aquello que guardan entre sus hojas. Historia, biología, geografía o matemáticas, cada uno de ellos representa una parte del mundo y quizá más importante, la mente. Serás libre porque ahora tienes la convicción de aprovechar los libros y eso te convierte en el invitado de honor de este recinto del saber: La Biblioteca.