COLUMNAS  
 
 
  COLUMNAS ANTERIORES  
     
  La palabra vacía  
  El detalle está en el mensaje.  
     
     
  ¿La (aparente) extinción de los mandilones?  
  El hombre moderno debe ser un hombre libre de estereotipos, un ser capaz de resolver sus propias necesidades y problemas.  
     
     
  De lo que no se habla, pero importa mucho.  
  La reflexión que les dejo es esa, el potencial de nuestras pequeñas acciones.  
     
     
  Nostalgia de…  
  Creo saber el origen de mi nostalgia por fin, lo irónico es que solo de pensar en ello, me vuelve a dar más nostalgia…  
     
     
  heroína.  
  Soñé contigo, noctámbulo D.  
     
     
  Las falacias  
  ¿Recuerdan cuando escribíamos lo que pensábamos en Facebook y muchos nos contestaban? ¡Ah, qué tiempos aquellos!  
     
     
  La vida en versión cómica  
  En mi mente escucho las risas del público. ¡Touché! Mi vida es una serie de televisión hiperreal y yo soy un prototipo de la clase media de los dosmiles…  
     
     
  La aspiradora  
  Aunque a veces, esa amnesia colectiva me hace dudar de mí mismo y de la veracidad de la historia que acabo de contar.  
     
     
  El Gran Choque  
  Las cosas pasan por algo. Definitivamente, sí.  
     
     
  Un Secreto.  
  Si tuviera que explicar cómo o cuándo aprendí a volar, nadie me creería  
     
     
 
César D. Armenta
 

Amante de la semiótica y de los artilugios del signo, este Selenita estudió relaciones internacionales en el Tec de Monterrey CCM y ha sido parte de las filas burocráticas del país. A través de sus reflexiones busca el tesoro perdido del pensamiento radical nietzschiano o por lo menos el eterno retorno de la comunicación efectiva.

 
 
De lo que no se habla, pero importa mucho.
La reflexión que les dejo es esa, el potencial de nuestras pequeñas acciones.
 

No, no se trata de lemas políticos, tampoco de polémicas contextuales. Se trata sobre aquellas cosas que hacemos a diario pero que no llega a saber nadie. Esos minúsculos procedimientos rutinarios que realizamos casi mecánicamente pero que hacen diferencia. A veces llegan en forma de una cortesía, otras en pequeñas dosis de amabilidad, unas más en mera coincidencia.

Desde hace unas semanas vengo analizando el flujo del tráfico de la Avenida Constituyentes. Diariamente paso por allí de regreso del trabajo. Mi ruta consiste en pasar por los límites de la segunda sección de Chapultepec y atravesar Constituyentes por el bajo puente que lleva a Observatorio. Para incorporarme a Constituyentes debo dar vuelta a la izquierda justo al subir del bajo puente. Esa pequeña calle identificada por su tienda de disfraces, un taller mecánico (que tiene como guardián a un pastor alemán bastante bonachón) una tiendita y la rampa de peatones y bicicletas para el puente que permite atravesar la concurrida avenida, es usualmente invadida por todos aquellos que intentamos evadir rutas más complicadas.

La magia de mi análisis no está en el tiempo que me ahorro por irme por allí en vez de elegir Ave. Reforma, o el hecho de que no haya semáforos para avanzar un poco más rápido, sino la manera en que casi en el 100% de las ocasiones, los automovilistas que transitan por allí seden el paso para que quienes venimos por esa calle podamos pasar. Se aplica el “1 por 1”. Y esa costumbre se repite en los diversos cruces que tienen calles pequeñas hacia Constituyentes (incluso para quienes salen de la gasolinera). La magia comienza a diluirse justo en la incorporación al periférico, pero hay algunos buenos samaritanos que aún con todo el “arguende” continúan con la cortesía.

A muchos tal vez les parezca muy simplón lo que les estoy narrando, pero a mí me parece sorprendente en una ciudad que en la mayoría de los casos goza de todo, menos de amabilidad. El acto de poner en freno unos segundos para que alguien pase antes que nosotros redunda en: más eficacia en el tráfico y nos deja un buen sabor de boca (además de mantener nuestro auto en buenas condiciones por no “aventárselo” a alguien).

Es una acción muy pequeña, no nos levantarán una estatua o nos harán un comercial por ello, pero tiene un impacto. ¿Cuántas acciones como estas hacemos durante el día? ¿Cuántas más podríamos hacer?

La reflexión que les dejo es esa, el potencial de nuestras pequeñas acciones. De esto nadie habla, pero cuenta muchísimo (y contaría muchísimo más si lo hiciéramos con más cosas).