COLUMNAS  
 
 
  COLUMNAS ANTERIORES  
     
  La palabra vacía  
  El detalle está en el mensaje.  
     
     
  ¿La (aparente) extinción de los mandilones?  
  El hombre moderno debe ser un hombre libre de estereotipos, un ser capaz de resolver sus propias necesidades y problemas.  
     
     
  De lo que no se habla, pero importa mucho.  
  La reflexión que les dejo es esa, el potencial de nuestras pequeñas acciones.  
     
     
  Nostalgia de…  
  Creo saber el origen de mi nostalgia por fin, lo irónico es que solo de pensar en ello, me vuelve a dar más nostalgia…  
     
     
  heroína.  
  Soñé contigo, noctámbulo D.  
     
     
  Las falacias  
  ¿Recuerdan cuando escribíamos lo que pensábamos en Facebook y muchos nos contestaban? ¡Ah, qué tiempos aquellos!  
     
     
  La vida en versión cómica  
  En mi mente escucho las risas del público. ¡Touché! Mi vida es una serie de televisión hiperreal y yo soy un prototipo de la clase media de los dosmiles…  
     
     
  La aspiradora  
  Aunque a veces, esa amnesia colectiva me hace dudar de mí mismo y de la veracidad de la historia que acabo de contar.  
     
     
  El Gran Choque  
  Las cosas pasan por algo. Definitivamente, sí.  
     
     
  Un Secreto.  
  Si tuviera que explicar cómo o cuándo aprendí a volar, nadie me creería  
     
     
 
Cesar D. Armenta Martinez
 

Capitán de La Biblioteca Estelar, orgulloso padre, amante de la semiótica, del pensamiento radical, la crema de cacahuate y dueño de Borges, el perro.

 
 
La palabra vacía
El detalle está en el mensaje.
 

Me desperté hoy con una gran preocupación. Fue una de esas noches en las que la cena te despierta los sueños complejos. Estaba yo en medio de un zócalo muy amplio, muy del estilo del que tenemos en nuestra Ciudad de México. A mi alrededor estaban miles de personas, cada uno en su “rollo”, unos platicando, otros “cotorreando”, unos más quejándose. De repente una bocina nos informó, “está a punto de iniciar el discurso, todos atentos”. La gente se acomodó en un santiamén y se silenció. Una fanfarria de estilo circense sonó y una figurilla bien trajeada se asomó por una terraza que se alzaba en medio de un edificio muy pomposo. El personaje no tenía rostro, era como una especie de maniquí con un atuendo de pasarela, un traje finísimo negro, con una camisa blanca y una corbata roja. La plaza estaba en completo silencio, todos los que estábamos en la plancha, mirábamos a la figurilla con expectación. La bocina volvió a activarse: “el jefe habla”. El hombre-maniquí comenzó a emitir este mensaje:

“Queridos ciudadanos,

El día de hoy les informo que mañana continuaremos trabajando para resolver los graves problemas que aquejan a la nación. Hemos decidido entablar un diálogo perpetuo con ustedes a fin de conocer sus perspectivas y solucionar poco a poco cada una de las necesidades que tienen.

Mientras tanto, seguiremos tomando las decisiones que creamos convenientes para el país. No escatimaremos en seguir de cerca su situación sin menoscabo de no actuar sino hasta que sepamos sus opiniones respecto de sus crisis y necesidades. Será un proceso largo y titánico, y si no lo logramos, seguramente el siguiente gobierno continuará con esta estrategia tan vital para todos nosotros.

¡Viva la nación!”.

Al terminar el mensaje, el hombre-maniquí se retiró. La gente a mi alrededor tuvo diversas reacciones. Unos aplaudieron, otros vociferaron, unos más sacaron sus celulares y escribieron mensajes en sus redes sociales; los menos, sonrieron con desilusión; los más, bajaron la cabeza y comenzaron a irse.

La bocina anunció: “fin del mensaje, pueden irse”. Al terminar la última palabra me desperté y mi gran preocupación, ahora lo entiendo, es que tuve una amarga sensación de vacío en el estómago. ¡Claro!, era hora de desayunar.